12 de mayo: un día para conmemorar y reflexionar en torno a la enfermería

La pandemia nos ha dejado a la luz las diferencias estructurales existentes no solo en términos de salud, sino que además ha dejado en evidencia las desigualdades y la precariedad de nuestra sociedad. Como bien señaló Butler, “la desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo (Butler, 2020)”. 

En los tiempos de pandemia las personas enfocamos nuestros esfuerzos en intentar no contagiarnos, no salir, no exponernos, el miedo se hospedó en nuestras mentes y cuerpos, y hoy comenzamos a ver sus consecuencias. Consecuencias, que en el caso de las enfermeras han estado presentes desde el día uno, en enero de 2021, el CIE recibió informes señalando que más de 2.800 enfermeras habían perdido la vida por la COVID-19 en 60 países… puede que pasen años antes de que conozcamos la cifra real del total de enfermeras fallecidas por ejercer su labor. 

Además de los riesgos para la salud física, también existen amenazas para la salud psicológica y emocional. A causa de la protección inadecuada de los trabajadores de la salud en todos los entornos sanitarios, las enfermeras han tenido que enfrentarse a cuestiones profesionales y éticas en relación con las obligaciones asociadas a la prestación de cuidados. El primer deber de las enfermeras es para con el receptor de los cuidados de enfermería. Sin embargo, también existe el requisito ético de que las enfermeras promuevan su propia salud y seguridad. Las enfermeras han estado expuestas a patógenos (en particular, protección inapropiada/ insuficiente), horario laboral prolongado, angustia psicológica (en particular, estrés por contagiar a la familia/comunidad), fatiga, agotamiento profesional, estigma, violencia física y psicológica (CIE, 2021).

En esta oportunidad, no me detendré en la extensa formación o dedicación que las enfermeras y enfermeros deben obtener para ejercer sus labores, tampoco en la invisibilidad o falta de reconocimiento de sus labores a nivel histórico, sino que quiero hacer un hincapié en dos puntos: primero, en que coincido con Butler y allí la importancia del rol político de las enfermeras, pues somos capaces de reconocer los problemas con una mirada crítica, asimismo somos capaces de aportar no solo a la construcción del saber en la universidad, sino que además tener claridad de las soluciones sociales que deben ser visibilizadas para mejorar la salud y calidad de vida de las personas, por tanto, debemos estar presentes como pilares en la construcción de políticas públicas desde el rol de gobernanza que existe en enfermería.  

Y segundo, permitirme detenerme en torno al acoso-violencia laboral que existe en enfermería,  justamente invitar a los equipos y sus líderes a reflexionar en torno a los tipos de liderazgo y poder que estamos reproduciendo, en conjunto a las vivencias que hemos tenido estos últimos años, para realizar un espacio de encuentro, entendimiento, búsqueda de conciencia y propio reconocimiento de las grandes labores ejercidas y sus consecuencias en nuestra salud física y emocional, pues si no es en nosotros mismos en donde encontramos la empatía y el respeto, muy difícilmente podrán venir desde el exterior.  
 

Dennisse Brito,
académica Escuela de Enfermería UDP y
socia-fundadora de SOCHIENFA (Sociedad Científica de Enfermería Familiar y Comunitaria de Chile)

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