The Wall Street Journal ejemplifica con Boric transformación del populismo

Una columna del periódico estadounidense, The Wall Street Journal, ejemplificó con el presidente electo, Gabriel Boric la “transformación del populismo en tiranía” en América Latina.

“Este año, más países se unieron a la lista en peligro de extinción. Perú, Honduras y Chile eligieron candidatos extremistas con estrechos vínculos con las dictaduras militares de Cuba y Venezuela. Los tres representan intereses que quieren reescribir sus constituciones, abriendo la puerta a la destrucción legal de los controles democráticos sobre el poder permanente”, indicó el artículo de opinión firmado por Mary Anastasia O’Grady, quien es miembro del consejo editorial del medio desde 1999.

Bajo el título: “Cuando el populismo se convierte en tiranía”, la analista señaló que “ha sido un año difícil para la libertad en América Latina y sería un error culpar al COVID-19. El auge del autoritarismo estaba en marcha antes de la pandemia del año pasado, y es poco probable que retroceda después de que el virus desaparezca”.

“América Latina sufre de demasiado gobierno. Los impuestos, la regulación, los débiles derechos de propiedad y la corrupción conspiran contra el espíritu empresarial y el autodescubrimiento. Sin embargo, en la década de 1980, la mayor parte de la región volvió a la democracia, lo que dio a la lucha por la libertad. Esa oportunidad se está escapando. En las últimas dos décadas, las instituciones necesarias para garantizar la competencia política e ideológica han sido destruidas en varios países”,

En el artículo, la periodista manifestó que “la libertad muere cuando esto sucede, como sucedió en Cuba en 1959, Venezuela a principios de siglo y Bolivia y Nicaragua en la década de 2000. Revivirlo no es fácil porque los ciudadanos que claman por sus derechos no son rival para un estado que usa su poder de monopolio para imponer el terror”.

“La región en su conjunto es menos libre de lo que era hace una década, según hallaron el Cato Institute, con sede en Washington, y el Fraser Institute. La encuesta, que utiliza datos de 2019, mide la libertad económica y también los indicadores de la libertad personal. Estos incluyen el estado de derecho, la seguridad y la protección, la libertad religiosa y los derechos de reunión, expresión, movimiento y relaciones personales. El objetivo es proporcionar una instantánea del estado de los derechos humanos fundamentales y la autodeterminación en cada país”, señaló O’Grady.

“No es una coincidencia que los países que tienen arreglos políticos, como la separación de poderes, la transparencia y la integridad electoral, protegidos por los pilares independientes del autogobierno, sean los más libres. En América Latina esos son Chile, Costa Rica y Uruguay. Pero la libertad no es el destino. El problema no es una elección en la que prevalezca un político que prefiere el socialismo a la libertad individual. Es la visión extremista, de izquierda o derecha, de que una victoria electoral es un mandato para desmantelar el marco institucional que protege a las minorías y bloquea las ambiciones del absolutismo”, complementó.

Junto a ello, la columnista aseguró que “los extremistas organizan a los agraviados y trabajan para despertar sus pasiones, creando conflictos en todos los niveles y socavando la seguridad. Los medios, las artes, la academia, la ciencia, el activismo político y el sistema judicial se convierten en armas antiliberales”.

“Los líderes juegan un papel crucial en unificar a las personas en torno a una idea destructiva. Pero tales líderes surgen en respuesta a una demanda de la gente”, indicó.

“Ese es el punto, como se puede ver en Chile. Los extremistas que lograron la victoria del presidente electo Gabriel Boric la semana pasada quieren destruir las instituciones de Chile con el argumento de que son construcciones del establishment. Chile es muy diferente a Venezuela. Pero los activistas de Chile no son diferentes de sus compañeros de viaje en Venezuela que apoyaron la elección democrática de Hugo Chávez en 1998, o de los extremistas en Bolivia que defendieron la candidatura de Evo Morales en 2005”, señaló. 

Esta publicación aparece primero en El Dinamo

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