Hombre soltero luchó por adoptar a un niño de Camboya con problemas de salud y ahora es campeón olímpico

Dicen que no hay alegría más grande en la vida que se compare con ser padre, sin importar que el pequeño sea tuyo o adoptado. Desafortunadamente, los procedimientos legales para adoptar a un niño son duros y exhaustivos, por lo que solo se cede la custodia de un pequeño a quien ha cumplido con los requisitos y pruebas necesarios, los cuales pueden durar años.

Sin embargo, las dificultades no vencieron a Jerry Windle, un hombre que a finales de los noventa luchó contra la homofobia que predominaba en el mundo para convertirse en padre a través de la adopción. Su homosexualidad era el “pero” que ponía la sociedad y su propia familia para que pudiera criar a un hijo, aunque nunca perdió la esperanza ni la entereza.

Los prejuicios de la época hicieron de su camino hacia la paternidad algo tremendamente complejo de conseguir. Jerry cuenta que “había tanta homofobia y prejuicios en torno a la idea de que una persona gay fuera padre” que no se toleraba la idea de que alguien de su orientación sexual adoptara, incluso si eso significaba darle una vida mejor a un niño huérfano.

Sin embargo, Jerry vio su oportunidad al hojear las páginas de una revista en la que se solicitaba ayuda humanitaria para niños huérfanos en Camboya que sufrían de desnutrición, infecciones y enfermedades. Sin pensárselo dos veces, contactó a la casa hogar de Camboya y unos meses después estaba conociendo al pequeño de apenas 18 meses de nacido que sería su hijo.

Empecé a hojear una revista y había una historia de un hombre que adoptaba un niño de Camboya y no mencionaba a la madre. El artículo hablaba de la estrecha relación entre el padre y su hijo y algo hizo clic en mi cabeza… En el artículo aparecía (el número de un servicio de adopción), así que llamé al número y dije: ‘Acabo de leer un artículo, ¿es posible que una persona soltera adopte a un niño?’, y me dijeron: ‘Sí, lo es’.

Por ese entonces, Camboya arrastraba las secuelas de un horrible enredo de conflictos que se había extendido durante más de 40 años, por lo que la situación de los niños en el país indochino era triste y precaria. Después de que el territorio camboyano hubiese sido bombardeado por Estados Unidos, China, Francia y por sus propios gobernantes, era lógico que el país hubiera quedado huérfano.

Jerry era un marino retirado, por lo que conocía muy bien los grandes estragos que habían causado los conflictos en el que su país también se había involucrado:

Como soy militar, en la universidad estudiamos mucho la guerra de Vietnam. Las atrocidades que se cometieron en Camboya durante la guerra de Vietnam me tocaron la fibra sensible.

De inmediato, Jerry se puso en contacto con las autoridades de Camboya y su vida dio un giro de 180 grados cuando le dijeron que pensaban que el pequeño Jordan y él estaban destinados a formar una familia. El exmarino recibió una fotografía de Jordan y cuenta que rápidamente afloró en él su instinto paternal y sintió un gran amor por el niño, pues supo que este era su hijo.

Jerry se convirtió en padre de Jordan en el año 2000, viajó hasta el orfanato de Camboya donde le presentaron al niño vestido con un trajecito de beisbolista y pequeños tenis de color verde. Jordan era tan tierno que lo primero que hizo fue pellizcarle las mejillas a su padre.

Pero el niño tenía muchos problemas de salud, estaba desnutrido y padecía sarna, por lo que el nuevo padre se hizo la promesa de dar todo lo que tenía para que el pequeño se mantuviera con vida y superara sus problemas físicos. Así que utilizó todos sus recursos para darle una mejor vida.

Tenía dos años, pero solo pesaba siete kilos. No sabía si viviría o moriría. Le prometí que haría todo lo que estuviera en mis manos, que no tendría que sufrir nunca más. Haría todos los sacrificios que pudiera como padre para darle todas las oportunidades del mundo.

Su amor y su esfuerzo dieron frutos, Jordan no solo pudo acceder a una vivienda, a una familia y educación, sino que también terminó por convertirse en un atleta de alto rendimiento. El niño que luchó por su vida quedó atrás hace mucho tiempo y en el 2021 se convirtió en clavadista olímpico.

Jordan inició su carrera en el clavadismo a los siete años y para los 13 años ya se estaba probando para participar en la justa olímpica, pero no fue sino hasta este año que consiguió formar parte del equipo de clavados de Estados Unidos y representar al país en Tokio. El ahora atleta olímpico de 22 años dice que toda su carrera y sus clavados se los dedica a su padre, pues de no ser por sus cuidados y amor, él no estaría vivo. Con el sacrificio de su padre en mente, Jordan realiza sus clavados y cada día lucha por ser mejor atleta.

Le digo a todo el mundo, cuando me preguntan por qué, que lo hago puramente por mi padre y por lo mucho que le gusta verme. Sin todos los sacrificios que ha hecho, sin su amor y apoyo durante todo el tiempo que hemos estado juntos, no estaría donde estoy hoy. Tengo que agradecerle todo, todos mis logros. Ha sido un viaje increíble con él, y seguimos rodando.

Jordan y Jerry ahora han plasmado su historia en un libro infantil titulado An Orphan No More: The True Story Of a Boy o El Huérfano que dejó de serlo, la verdadera historia de un chico, un cuento ilustrado que habla sobre la familia y cómo los lazos filiales se pueden dar sin la necesidad de la pertenencia genética.

Jerry no pudo asistir a los Juegos Olímpicos de Tokio de este año debido a las restricciones por la pandemia de covid-19 , pero cada que Jordan se tiene que parar al filo del trampolín y da la espalda al público, pasan por su mente todas las vicisitudes que él y su padre han tenido que vivir y superar juntos. Mientras tanto, su padre en las gradas o en la distancia lo mira lleno de orgullo y lo acompaña siempre. Jerry ha dicho que siente un amor profundo por Jordan, que es para él como el aire que respira.

Esta publicación aparece primero en La Guia Del Varon

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