Los detalles de la vida de Carlos Savanz, el secuestrador de una niña en Argentina

Conmoción causó en Argentina el secuestro de Maia Beloso, una niña de 7 años a manos de Carlos Savanz, un cartonero que vivía en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires.

La menor de edad, que estuvo 3 días desaparecida, fue hallada con vida la mañana de este jueves en Luján junto a su secuestrador, quien fue detenido por la policía bonaerense e imputado por el delito de sustracción, que conlleva una pena de 5 a 15 años de cárcel.

Las fuerzas de seguridad incautaron además la bicicleta en la que se trasladaron ambos durante los últimos días, según quedó registrado en cámaras de seguridad de distintos lugares que ambos recorrieron.

Las denuncias anteriores

Según indicó Infobae, Carlos Savanz, de 39 años, tiene antecedentes penales y había sido denunciado en marzo pasado por abusar de una niña de su familia, de cuatro años.

Según confirmó el medio antes señalado, el secuestrador convivía con su mujer y su familia en la localidad de Guernica en Buenos Aires cuando fue denunciado por ese delito.

“Si puede abusar de las criaturas, abusa”, dijo uno de sus hermanos, que lo acusó de violar a un familiar. “Manoseaba chicos (…) Es una porquería. Mi sobrino le contó a la mamá cuando tenía 12 años y no hicieron la denuncia porque mi sobrino le pidió, por vergüenza”, consigna un medio local.

Maia Beloso de 7 años. (Captura de pantalla)

La pobreza en que vivía Maia

Luego de conocerse el secuestro de Maia Beloso, salió a la luz la difícil historia de vida de la niña, quien vivía en la calle junto a su madre Estela y quienes dormían en una carpa en la calle.

Según se ha dado a conocer, en las últimas semanas, la pequeña Maia no vivía sola en la carpa con su madre, sino que también con el mismo Savanz, quien arregló el lugar e instaló un techo fabricado con un pedazo de publicidad reciclado.

De acuerdo a Infobae, la llegada del sujeto fue visto como un gesto de solidaridad y de apoyo a la madre adicta a las drogas.

Según consigna el medio, el secuestrador jugaba con Maia. “La alzaba, le hacía upa. Andaban en bici por las calles y por el terraplén que separa la calle de la autopista. En ese terreno amplio, con más tierra que pasto, Estela quemaba los cables para descubrir y vender cobre”, relata el medio según información de testigos.

“Hasta que apareció Carlos. Los consumos cambiaron. Iban los dos juntos al kiosco. Él le pedía que eligiera lo que más le gustara”, agregan las mismas fuentes.

Por todos estos motivos y luego de encontrar a la niña, las autoridades trasandinas dispusieron que Maia no volviera a vivir junto a su mamá, sino que en uno de los tres hogares transitorios de la ciudad donde van los menores de edad que son separados de sus familias en situaciones críticas.